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sábado, 14 de agosto de 2010

Desde el corazón... ¡Has dejado huella en mí!

El Señor pasó fuerte por nuestra vida en la Pascua. Experimentamos desde el CORAZÓN el servicio, la entrega, la muerte y al RESURRECCIÓN y la VIDA del Señor. ¡DEJÓ HUELLA EN NOSOTROS! y nos comprometimos a comunicar esta alegría, La HUELLA que había dejado en nosotros.

Algunos lo queríamos hacer rápidamente, con la alegría de la resurrección lanzarnos al mundo y anunciar a todos que CRISTO VIVE.

Sólo un amigo nuestro "agnóstico-vasco" nos hizo pensar. El había descubierto en nuestras caras ALEGRÍA Y VIDA. Era el signo que le hacía creer que lo de Cristo Vivo era posible, que la Resurrección era cierta y verdadera. Pero aún no quería recoger el símbolo que le decía que esta Pascua había dejado huella en nosotros. Quería esperar. Si, quería esperar 50 días, ni más ni menos. 50 días en los que se comprobara que los efectos de la Resurrección no eran pasajeros, 50 días en los que Cristo siguiera siendo centro y alegría de los que compartíamos esa experiencia tan fuerte, 50 días en los que aún brillara la alegría de la Pascua del Señor.

Han pasado estos 50 días y yo me pregunto ¿cómo he vivido este tiempo? ¿Puedo entregar ya mi "pulsera-signo de la alegría y de la huella que el Señor dejó en mí" a alguien? ¿Puedo decir de verdad que Cristo vive en mi vida y en la vida de mis hermanos y que me da sentido pleno a mi existir y sufrimiento cotidiano?

El Espíritu viene en mi ayuda. Si os dijera que personalmente me dejo llevar por muchas cosas, que la alegría se va y se viene y no lo puedo controlar. Que me invade algunas veces una tristeza que no es de Dios. Que me olvido del Señor cada vez que me descuido. Que mi hermano es mi hermano, pero cuanto me cuesta algunas veces. Que me olvido del que sufre y del que lo pasa mal... Seguro que me creeríais.

Pero si os digo que la PAZ de Cristo resucitado aún vive en mí. Que cuando me dejo llevar, respiro hondo, recuerdo los momentos vividos y como ha pasado el Señor por mi vida a través de los hermanos, de su palabra, de las celebraciones, de las confesiones, de entrar en su corazón, de cantar con fuerza la RESURRECCIÓN... y paro todo y pienso y siento ¡SEÑOR HAS DEJADO HUELLA EN MI! Cuando recuerdo cada cara, o veo algunas fotos, o alguien manda un correo o un comentario en el tuenti o en el facebook, recupero la alegría y digo ¡SEÑOR HAS DEJADO HUELLA EN MI! Hasta cuando miro mi pecado el Señor me hace mirarlo con paz; cuando veo los defectos de los demás los miro en paz; hasta con las decisiones fuertes que tenga que tomar, este mismo Señor que ha dejado huella en mi, me dice VIVE EN PAZ.

Aún no se si darle la "pulsera-signo" a mi amigo agnóstico, o a otra persona, o quizá me la quedaré yo. Si sé que el Señor ha dejado huella en mi desde el corazón. Que me sigue dando su fuerza. El Espíritu que vive y que el Señor nos envía me hace confirmarlo. No es algo fruto de mis fuerzas, es la presencia de Dios la que me hace decirlo, es su Espíritu, a pesar de mi debilidad que es mucha, el que me hace gritar:

¡VIVES Y HAS DEJADO HUELLA EN MI VIDA!

Fr. Salva y Fr. Rafa
Equipo de PJV
Provincia Franciscana de Granada

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